En los estudios de la Kabalá, el diamante, por su dureza y claridad, representa el alma refinada a través del proceso de tikún (rectificación). Así como el diamante se forma bajo presión, el alma alcanza su brillo tras superar pruebas y elevarse espiritualmente.
Es necesario que se complementen el diamante, el ónix y la ágata juntas ya que son piedras del Joshen en la Kabalá que simbolizan la pureza, la fortaleza, la estabilidad y el equilibrio, utilizadas como herramientas espirituales para atraer abundancia y prosperidad económica.