El mal de ojo es un concepto que ha intrigado y preocupado a la humanidad a lo largo de los siglos. Más allá de las supersticiones, existe una rica tradición de pensamiento que busca explicar cómo y por qué el mal de ojo afecta tanto a quien lo proyecta como a quien lo recibe. Rabenu Nissim MiGuerundi, en su «Derush 8», ofrece una perspectiva esclarecedora que vincula el fenómeno del mal de ojo con la psique humana y su capacidad para influir en el mundo externo.
Según Rabenu Nissim, la clave para comprender el mal de ojo reside en la interacción dinámica entre el alma y el cuerpo, modulada por los cambios de humor y los pensamientos de la persona. Esta visión sugiere que nuestras emociones y pensamientos no solo afectan nuestro bienestar interno, sino que también tienen el potencial de proyectarse hacia fuera, impactando el entorno y a las personas que nos rodean.
La idea de que los pensamientos y los estados de ánimo pueden generar una «vibra negativa» hacia los demás subraya la responsabilidad que tenemos sobre nuestras propias actitudes y percepciones. El mal de ojo, en este contexto, es el resultado de un trastorno en el equilibrio emocional y mental que se transmite a través de la mirada o la intención hacia otra persona, provocando potencialmente daño o infortunio.
Lo que hace particularmente insidioso al mal de ojo es que puede ser desencadenado tanto por emociones negativas conscientes, como la envidia o el resentimiento, como por fluctuaciones más sutiles en nuestro estado de ánimo que quizás no reconozcamos plenamente. Esto significa que incluso sin la intención explícita de dañar, podemos contribuir a la propagación del mal de ojo simplemente por cómo nos sentimos o pensamos acerca de los demás.
La comprensión de Rabenu Nissim sobre el mal de ojo nos invita a cultivar una mayor conciencia de nuestro estado interior y a esforzarnos por mantener un equilibrio emocional y mental saludable. En Tikun Shalom, promovemos prácticas de meditación, reflexión y autocuidado que ayudan a estabilizar los cambios de humor y a purificar los pensamientos, creando así un ambiente menos propenso a generar o recibir el mal de ojo.
Las enseñanzas de Rabenu Nissim MiGuerundi nos recuerdan la importancia de vigilar nuestros pensamientos y emociones, no solo por nuestro propio bienestar, sino por el impacto que pueden tener en el mundo que nos rodea. Al entender el mal de ojo como una manifestación de desequilibrios internos que se proyectan hacia el exterior, podemos trabajar hacia una mayor armonía dentro de nosotros mismos y en nuestras relaciones con los demás, fomentando un entorno de positividad y protección contra las fuerzas negativas.

